“Visité Río de Janeiro en abril de 2009 y en enero de 2011, y lo que mas me sorprendió de la ciudad fue su energía agreste y su verdor. Parecía que todos los colores se acomodaban en una tonalidad verdosa, como si los montes que abrazan Río fuesen capaces de invadir el alma de todas las cosas. Conocí a Niemeyer, conversamos, sentí desde la atalaya donde el maestro centenario, describe con su arquitectura las formas de la ciudad carioca, y comencé a pintar. A pintar las cosas mas pequeñas, a buscar en la frondosidad de su paisaje, en las maneras de sus gentes, y en las líneas de su horizonte, la misma esencia con la que Oscar Niemeyer traza su arquitectura. Solo conociendo Río de Janeiro, se pude conocer el universo Niemeyer.”